El día 5 de mayo os proponemos una gran
actividad. Se celebra ese día la Jornada Diocesana de la Juventud. Todos los
jóvenes de Valladolid nos juntaremos ese día.
Será un momento para conocer a más gente,
pasárselo bien, compartir, reír y conocer más a Jesús, a través del testimonio
de otras personas, a través de la Palabra, la música…
Tendremos una gran Bienvenida, unos talleres “te
puede pasar a ti”, un rato de compartir, comer juntos, cantar, bailar,
disfrutar de un rato conociendo a gente. Y por la tarde otros talleres” Hazlo
tú”: grafitis, medios de comunicación, actividades con la ayuda del MCC.
Hemos pensado para este día realizar un flashmob todos juntos,aquí teneis el video con los pasos del baile. Son muy fáciles!!
Recorreremos las calles de Valladolid, celebrando que Cristo ha resucitado, haremos un Via lucis y finalizaremos nuestro día con la Eucaristía.
Anímate a participar. ¡Te estamos esperando!
Somos muchos los jóvenes cristianos en nuestra ciudad, solo nos faltas tú.
Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-31
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
- «Paz a vosotros.»
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
- «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. »
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
- «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
- «Hemos visto al Señor.»
Pero él les contestó:
- «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
- «Paz a vosotros.»
Luego dijo a Tomás:
- «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»
Contestó Tomás:
- «¡Señor mío y Dios mío!»
Jesús le dijo:
- «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.
Palabra del Señor
Comentario.
Pese al anuncio de las mujeres los discípulos se mantienen encerrados en el sepulcro del miedo. Jesús mismo en persona se presenta en medio de ellos para hacerles part´cpes de su misión, de su misma vida, de su misma autoridad y poder frente al mal y al pecado perdonando los pecados. Tras el encuentro con el Cristo resucitado podrán salir al mundo llenos de confianza de la mano del vencedor del mundo y del pecado. El Señor jamás nos promete una vida sin aflicciones o sufrimientos, al contrario, pero nos da su Paz, la Paz de aquel que ha vencido a la muerte, la paz que nos da confianza en medio de las dificultades y las persecuciones.
Una paz del corazón que se fundamentan en Él. Nos muestra sus llagas signo de su victoria y sobre todo signo de su amor. Al descubrirse amado (Jesús se entregó por mí) el corazón se llena de alegría. Es ahora cuando podemos recibir la misma vida de Dios, el Espíritu santo, que nos ayudará paso a paso a comprender el camino del ser cristiano, que nos permitirá realizar su obra: renovar la fraternidad, anunciar el evangelio, amar más allá de nuestras fronteras, familiares y sociales y de esta forma renovar la faz de la tierra.
En esta experiencia del encuentro con el resucitado debemos entrar personalmente, uno a uno. Esto es lo que muestra el episodio de Tomás, conocido como el incrédulo, pero que ha alcanzado la cima de la confesión de fe en la persona de Jesús: “Señor mío y Dios mío”. Todos necesitamos “ver” a Jesús, “palpar” su cuerpo. Eso sólo es posible dentro de la comunidad cristiana, reunida el primer día de la semana, el domingo, donde Cristo resucitado se hace presente. Cuando lo descubrimos nos postramos ante Jesucristo y no sólo le creemos como Señor, sino que le confesamos como Dios, como aquel que es el rostro del Padre, la imagen del Padre, el resplandor de la gloria del Padre. En Cristo, el Padre nos lo ha dicho todo. Nos lo ha dado todo. Por eso la experiencia de la fe no es sólo “creer” sino postrarse de rodillas en absoluta disponibilidad al que reconocemos como Dios y Señor. Así lo hicieron los grandes santos: Tomad Señor y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento, toda mi voluntad, todo mi hber y mi poseer. Vos me lo distéis, Señor a vos lo torno, todo es vuestro, dadme vuestro amor y vuestra gracia, que eso me basta.
Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 14-21
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
- «Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas.
Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.
En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.»
Comentario.
El Hijo es el Don del Padre. Dios entrega a su Hijo querido a la humanidad. Esta donación, este amor no es para juzgar al mundo, “sino para que el mundo se salve por Él. Es un amor que no se impone, sino que se propone, se ofrece, se regala. Quiere arrancar al mundo de la maldición, mediante la acción amorosa de Dios. “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su propio Hijo”.
En esta última frase se recoge el latido profundo del corazón de Dios, su amor a los hombres; manifestado desde la creación y en las maravillas de sus acciones a través de la historia (Éxodo, los profetas…) encuentra su cima más alta en su Hijo puesto en nuestras manos, crucificado. Lo que a primera vista es una victoria del mal, mirándolo desde la fe descubrimos la profundidad, la radicalidad y la anchura del amor del Padre por nosotros. Se podría decir que Dios nos ama más que a su Hijo querido.
Dios responde al mal del mundo, con un amor hasta el extremo. El amor manifestado en Cristo que se pone en manos del Padre para ganarnos a los hombres la salvación. Poniendo nuestra confianza en Él, encontramos el camino de la vida que atraviesa el valle de la muerte.
Pero la salvación, la vida buena y nueva, no es algo automático, debemos caminar hacia la luz. Si permanecemos encerrados en nosotros mismos, si escapamos de la luz que irradia el amor crucificado, las tinieblas de nuestros pecados, de los sufrimientos siguen siendo nuestra condición de vida. Debemos fijar nuestra mirada en el Crucificado para que toda nuestra vida quede iluminada.
Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:
-«Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.»
Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.»
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:
- «¿Qué signos nos muestras para obrar así?»
Jesús contestó:
- «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.»
Los judíos replicaron:
- «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.
Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.
Comentario.
En este evangelio Jesús aparece en el templo en la fiesta de la Pascua. Allí ve la “casa de mi Padre” convertida en un negocio y un mercado. Desde su conciencia de Hijo, Jesús no soporta esta situación: “el celo de tu casa me devora”; arremete contra el negocio y los negociantes; pero al hacerlo también pone en entredicho la misma institución y el culto basado en los sacrificios de animales. La reacción de los judíos no se hace esperar, le exigen un signo que muestre su autoridad para realizar semejante gesto.
Jesús responde con una palabra enigmática: Destruid este templo y yo lo levantaré en tres días. Jesús mostrará su plena autoridad en la Pascua, el verdadero signo es Cristo Resucitado. El celo por la casa de Dios le llevará a entregar la vida en la cruz, la resurrección mostrará entonces que Jesús se ha convertido en la verdadera casa de Dios, el lugar de encuentro entre Dios y los hombres. Unidos a Él, como los sarmientos a la vid, comienza el culto en espíritu y verdad. De su Cuerpo saldrá el Agua viva del Espíritu Santo (Jn 7,33-39), brotando sangre y agua (Jn 19,34)
En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.
Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús:
- «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
Estaban asustados, y no sabía lo que decía.
Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube:
- «Este es mi Hijo amado; escuchadlo.»
De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó:
- «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»
Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».
Comentario.
En este segundo domingo Jesús es presentado por el Padre como el Hijo Amado. Escuchadle. Jesús en la transfiguración es señalado como el que va a ser entregado en la Cruz por nosotros. Pero en su misma humillación será levantado. Es un propósito del Amor del padre desde antiguo anunciado por los profetas. Así lo señalan la presencia en el Monte tabor de Elías y Moisés. Elías le señala como el esperado, que inaugurará la reconciliación (Mal 3,21-24); Moisés como el pionero entre os hermanos (Deut 18,15), que atravesará la muerte (Heb 11,26;13,13) y así realizará la Redención (Hch 3,13.21s) La Cruz gloriosa es su destino y también la de sus discípulos: Después de anunciar su muerte a los discípulos les mostró en el monte santo el esplendor de su gloria, para testimoniar de acuerdo con la Ley y los profetas, que la Pasión es el camino de la Resurrección (Prefacio II de Cuaresma)
Es cierto lo que dice el prefacio el Monte Tabor y el Calvario guardan un paralelo muy estrecho. Transfiguración y Cruz son las dos caras de la misma moneda que muestra el rostro de Cristo. En el Tabor reina la luz, sobre el Calvario caen las tinieblas; en el primero sus ropas resplandecen, en el segundo Jesús es despojado de sus vestidos; en monte de Galilea Jesús está rodeado de dos santos, en el monte de Jerusalén Jesús es acompañado por dos crimínales; en el primer monte los discípulos quieren quedarse con Él; en el segundo los discípulos han huido; en el monte de la gloria una voz lo proclama Mi Hijo Amado, en el monte de la ignominia Jesús grita Dios mío, Dio mío porque me has abandonado.
En cumplimiento de los profetas y de sus antiguos oráculos de condenación y consuelo; Jesús es humillado y exaltado, rodeado de santos y cercado por pecadores, vestido de luz y a la vez cubierto de una vestimenta de oscuridad.
Comenzamos un nuevo tiempo, una nueva etapa en la vida del cristiano. Los jóvenes también queremos dar esos pasos de camino al Amor por la Cuaresma. Hoy varios jóvenes nos cuentan cómo lo viven, sus sentimientos y emociones. Compartir juntos es lo que hace construir comunidad.
1. ¿Cómo te preparas para vivir la Cuaresma?
Ana Martínez: Ahora las cosas han cambiado, por ejemplo, la abstinencia de los viernes resulta poco significativa y los pequeños y grandes sacrificios parece que no se sabe exactamente para qué sirven y si tienen suficiente sentido. Pero a pesar de ello, las palabras que se nos dirán durante los días de Cuaresma seguirán siendo llamadas a hacer de este tiempo un tiempo "especial" Trato de prepararlo bien porque sin duda es importante que, durante un tiempo concreto del año, reflexionemos y nos digamos a nosotros mismos: "Yo fui bautizado, yo llevo en mí la marca de Jesús, yo estoy sumergido en su vida nueva. Todo eso, ¿se nota realmente? ¿No debería notarse más? ¿En qué podría notarse más?". Y decirnos también: "Desde luego mi vida no está exenta de infidelidades. ¿Soy consciente de ello? ¿Soy capaz de ponerme ante Dios y pedir perdón?"
Elena Polanco: Quizás otros años no he sido tan consciente de este tiempo y por eso este año lo afronto con ilusión y ganas. Quiero involucrarme más en las actividades parroquiales y diocesanas durante este tiempo porque creo que me puede ayudar mucho a no "despistarme" y no perder de vista para qué es la cuaresma.
Responsable de Paz y Bien en Valladolid: Poniendo a punto el Corazón. E intentando hacer vida en mi vida, el mensaje de Cuaresma del Santo Padre. Apoyarme en los hermanos que Jesús me dio para "animarnos mutuamente cada vez más a un amor mayor..
2. ¿Qué propósitos tienes para este tiempo?
Ana Martínez: Mi propósito de cambio es vaciarme de mis "yoes" para que pueda entrar Dios. Dejarme de perezas, de "ahora no me apetece" "luego lo hago" "que rollo" etc... y transformarlo en un "SI" atento para todos y todo...para Dios
Elena Polanco: Es un tiempo que me viene muy bien en este preciso instante de mi vida... un tiempo en el que voy a profundizar sobre mi misma, a ver el porqué de cada cosa que hago y a "hacer un examen" de mi vida, ya que creo que necesita un cambio y que mejor momento para renovarte que en cuaresma! concretamente me he profundizar y trabajar más mi fe y mi dedicación diaria al señor.
Responsable de Paz y Bien en Valladolid: Apoyándome en las tres armas que nos proporciona la Iglesia para vivir la Cuaresma: limosna, oración y ayuno.
Limosna: dar de mi tiempo para escuchar a quien lo necesite como si no tuviera más que hacer que escuchar a esa persona, sin dejarme llevar de las prisas o mirando el reloj por las muchas cosas que tengo que hacer.
Oración: Aparte de mi oración diaria que hago cada día, dedicar un ratito más a amar a Jesús por todos los que no lo aman. A media tarde, que es cuando hago un parón en el trabajo.
Ayuno: de pensar en lo que los demás pensarán de mí. Buscar en todo lo que Jesús quiere hoy y ahora para mí, independientemente de lo que los demás opinen.
3. 40 días para convertirse al Amor ¿Cómo?
Ana Martínez: Amando. Mirando la Cruz todo cobra sentido y se convierte. Jesús murió por ti y por mí, porque te ama, porque me ama y espera pacientemente ser correspondido por ti, por mí. ¡Qué buen momento es este! Feliz Cuaresma para todos!!! :)Elena Polanco: En estos momentos estoy viviendo algunas situaciones delicadas de amigos. Este tiempo me va a ayudar a entregarme plenamente a ellos para que a ayudándoles a descubrir a ellos el amor y un modo de vida diferente, me sirva a mi también para tenerlo presente.
Responsable de Paz y Bien en Valladolid: Comenzando con mucha ilusión por la mañana, diciendo a Jesús: "Jesús, hoy, todo por ti". Y a la noche, acercarme a Él con toda humildad diciendo: "Jesús, no salió tan bien... pero mañana, mejor, ya verás. ¿Me ayudas? Dame un Corazón como el tuyo"
Gracias a los que os habéis animado a contestar. Y ¿TÚ? ¿Cómo te preparas?



